El sacrificio de ZahrA la bonita aria
Acto I de un cuento erótico que tiene para escena el Irán de los Ayatollahs

femme voilée d'Arabie



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Islam
El avión atraece su pendiente sobre el aeropuerto de Teherán. Tengo un extraño pellizco al corazón. Es así todavía, cuando vuelvo de nuevo en un país. Los recuerdos me vuelven de nuevo en cascada, de manera desordenada con la impresión de volver a ver las cosas y a la gente tal como eran antes. Sin embargo, Irán se ha transformado, al igual que estos otros lugares que conozco y cuya desploro, de manera egoísta, el curso hacia la modernidad o la vuelta a la edad de piedra.

Deambulaba en Teherán, en tiempo anteriores, en busca de tópicos pintorescos, era al tiempo del Chah. Era desafiado por la policía secreta del Chah, un miembro de la Savak, ocupado a seguir las manifestaciones de desajustes políticas de sus ciudadanos. Se me desafiaba, sermoneado para haber querido explotar los caracteres típicos de Irán como estas otras regiones, el para el cual yo cursos el mundo, y que serían sin embargo sin interés si no eran más que el espejo de París.

Eso hacía 4 horas que el avión había dejado París. Terminaba la relectura "de la viuda del Ayatollah" para volverme a poner en el baño de esta ciudad. Mi viejo 'SAS" derrengados eran y son todavía mis mejores guías turísticas. Este ejercicio de extrañamiento tenía otro objetivo, hacerme olvidar estos otros Ayatollahs, los que aspiran a administrar la conciencia del occidente con dogmas no menos diferentes, por eso poco edificantes, bien lo mismo apestando.

No dejé de explorar estos cuerpos indolentes púdicamente velados, que surten los asientos del avión, a la búsqueda del misterio femenino que se oculta. Despertaba así mis inclinaciones lúbricas, al descubrimiento de un ojo vivo cercado de un hábil surco de kohl, una mecha de oscuro cabello ensartándose con audacia por los repliegues de un hidjab multicolor, una nariz aquilina decorada con afectado de una incrustación diamantada, una boca brillante de rojo sensualidad, el dibujo de una cadera al perfil ultrajando revelado por la súbita tensión de un amplio caftán de lino, una pierna desnuda hasta el muslo voluntariamente extraído de su mojigato oculto, mis sentidos se animaban más que habrían podido hacerlo las grotescas desnudeces de las playas de Francia.

Era también para eso que dejaba el Occidente, para despertar mis sentidos dormidos por la insoportable moral occidental, la de estas nuevas Ayatollahs parqueadas sobre los asientos de las asambleas nacionales y mi denegación a vivir de su muerte programada. ¿Pero por qué haber elegido el país de los Ayatollahs?


femme d'Iran
imagen animada


Marco Polo ou le voyage imaginaire (Contes et légendes, noël 1998) © 2006 Marco Polo
AVIS IMPORTANT: (l'auteur ne veut offenser personne par le sujet traité dans ce conte, son intention est strictement littéraire et bien entendu romantique.)


ACTO II