Mitologías

La ninfa Pomone y la pila de Vertumne el Dios piadoso.



PRINCIPIO DEL ARRECIFE


Pomone vivía bajo el reino de Proca Soberano del país Palantin Entre los hamandryades del Latini. Nula no fue más hábil En el arte del libertinaje. Nula otra no tuvo más de gusto Para la semilla del varón. Su nombre por otra parte, origen bien de allá. So'lo gustaban ni el bosque virgen, Ni los ríos inmóviles, Ni el llano desértico Pero los frutos paredes encargadas de savia Que se equilibran de entre las ramas de los árboles. Por sus manos, no expulsaba ni el hambre, ni la sed, Sino la agitación que de la rama, Correa pasarse la savia. So'lo sufría de la sed, Se restauraba a toda rama Que dirigía de sus manos ágiles Regándose de la savia que se libera de él. Entera a su sola pasión A sus empleos favoritos No tenía nulo deseo en otro amor Que la que alivia su sed, So'lo tenía gusto para beber. Temiendo la violación más que todo, Volvía a cerrar la puerta de su huerta Prohibiendo el acceso a su flor De la qual guardaba envidiosamente los pétalos cerradas. Que no fueron sus víctimas, de los Sátiros, Joven tropa hecha para la cosa, Y los Lados a los aparatos en forma como pináculos Y Silvano, demasiado joven para poder desflorarla Y este Dios, con su horca y su miembro viril Que asustaba todas estas senoritas Que querér que los agitarla. Pero Vertumne, es el nombre del Dios, Se excedía más que cualquier otro Con la esperanza de ser el huésped de él. ¡Oh! ¡cuanto vez Desnuda como un sátiro Le ofreció su espiga en un estuche Bajo la forma de un deshollinador! A menudo a verlo, una trenza de heno Establecida alrededor de su semilla Se habría dicho que había Inflado de savia su apéndice. A menudo agita de una mano firme su aguijón Aunque se habría jurado Que dirigía el de un buey. Con su podadera, era un labriego Y uno de estos varones presuntuoso Que cree hacer germinar la flor. Un cuenco en su manga Iba, se podía pensar En recolección de las frutas paredes. Su espada hacía de él un soldado, Su caña, a un pescador a la línea. Por último, al favor de mil de disfraces, Encontraba a menudo el medio De acercar el cuyos quería Darse la emoción de una goce Usando del ardor de sus dedos sagaces. Llegó incluso hasta darse La aparición de un joven y blanda dama, Que entró en el jardín así bien adornada, Admirando esta flor se exclamó: "Qué abundancia!" Prodigó a Pomone De los elogios y caricias de hembras Tal como nunca había dado Ningún otro aspirante masculino. Luego durmió por tierra Toda doblada hacia el objeto de su ansiedad Los ojos fijados en esta flor abierta Ocultando con dolor el lugar De ahí se agitaba su dardo. "Pero si se erigara, se dice la maestra, Demasiado solitario, privado de la fruta de la flor Y que él se épa sin penetrar la flor Y que la savia, sin que hay el himeneo Derramarse y se absoren a la tierra?" "Oh ti, que se insensible a mi sexo, Escapate de la abrazo de la esposa, y no tiene cura De unirse a que se asemeja a usted. No sera solicitaría ya, si lo quisiera, Por el suspirando de Hélène Y por Ulyses él mismo." Ahora que en este momento Mientras que huye el humano Y olvida los membricules De mil de aspirantes delante aqui desnudos hasta el culo, En gran erección delante de tu pozo, Pilas de semidioses y dioses piadosos, Sin contar las flechas envenenadas Del divinidad que residen en los montes Albains. Pero si es docile Si está de acuerdo a una feliz cópula A escuchar a la concubina que ve, Y consent a probar a la hiel de Vertumne Que tiene el gusto del miel Más que el de los otros varones, Rechaza sus venenos vulgar Y elegidos el alimento de Vertumne Por camarada de tus comidas, Emboca su real abrevadero Para apaciguar finalmente tu sed. Aceptado también en su favor mi garantía Ya que él mismo no se conoce mejor Que no lo conozco. No yerra en el mundo entero Buscando la aventura perniciosa Sino él vive en un lugar castigable. No apasionarse no, Como se hace bien numerosos de sus aspirantes, De la última mujer quien extenua, Será su primer y su última comida. Es solo a usted Que quiere prodigar su veneno. Añada que es joven, que tiene un bien bonito órgano, Y que puede transformarlo Y quién que usted ordeno a ser Se lo será, y de hacer, lo hará, Y cómo hacerlo, se realizará, Y puede pedir lo que querrá. Que decir de nuestros gustos comunes Y tu blanda vulva, objeto de todos nuestros sueños. El primero gozará de él Alegre de dejarse apaciguar Dentre tus dedos de dejarse lo sacudir U ocultarla en la cueva de tu boca Y dentre tus dientes de dejarle dañarse Y de dejarle morir de agotamiento." Cuando el Dios tuvo, sin efecto Recitado su contraparte Reanudó su forma masculina y Dejando allí su aspecto de mortal Se acercó a Pomone, Su miembro en plena erección. Su aparato brillaba como hecho, El disco solar en fusión Que nada no hizo ya obstáculo A la salida de su plasma. No fue a emplear la violencia, Eso no fue necesario, La ninfa se dejó seducir Por el único aspecto de la estaca del Dios piadosa. Se sintió a su vez desflorada Por el entusiasmo de su escobilla. Se abrió a él, toda dispuesta, Descartando de sus dedos, sus pétalos Como lo hace una flor.



Marco Polo ou le voyage imaginaire (Mitologías octobre 1999) © 2005 Jean-Pierre Lapointe
Ovide et les métamorphoses ainsi que les oeuvres des grands-maîtres, musique Yokubota.


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