El amor singular de Pygmalion para una muñeca de marfil.

Mitologías

El amor singular de Pygmalion
para una muñeca de marfil



PRINCIPIO DEL ARRECIFE


Un día vivía en la isla de Chipre, Un joven escultor de talento del nombre de Pygmalion; Se compadecía de los defectos cuya naturaleza había colmado a las mujeres. Misógino, había decidido nunca casarse, Su arte solo él bastaba. "Ô mujeres Imperfectas criaturas, muy diferentes Pero al mismo tiempo muy similares, Que no son una, y una sola o muy entre una, Y que sería totalmente perfecta a gustar!" "Cuál es pues mi locura Querer gustarlas todas. Cuál es pues esta locura Cazarlas de África, de Asia o de Europa De crujirlos de carne negra, blanca o amarilla De querer gustarlas todas Pero de no gustar ninguna Cuál es pues mi locura!" Para expulsar de su espíritu y de su vida el objeto de su desaprobación, Había decidido grabar en la marfil sólida, La mujer perfecta que reuniría en una sola, Las calidades de todas estas otras mujeres que amueblaban sus sueños. Y Pygmalion combatía el bloque de marfil para hacer brotar Lo que sería lo que hay de más bonito, Una mujer sin defectos físicos tanto como morales, Y que sería la prueba de la imperfección cuya naturaleza las proporcionaron. Trabajaba noche y día Que martillaba y que grababa la marfil para hacer una obra exquisita, Pero él no estaba nunca satisfecho; Trabajaba día después de día y bajo sus dedos hábiles Se volvía cada vez más bonita. La estatua ya no se asemejaba ya a una estatua Pero a una mujer de carne humana fija, como inmortal, Cuya belleza so'lo se igualaba por ningún mortal, Tanto él estuvo enamorado. Estaba como una virgen que se habría creído vivo, Una diosa de marfil que habría podido sin engañar cualquiera, Respirar y jadear, hablar y sonréir, y quizá gustar incluso. Tenía creando de sus dedos ágiles este ser sublime Alcanzado el arte de disimular el propio arte. Pygmalion comtemplaba su obra y su corazón se encendía De este simulacro de mujer grabada en la marfil; Palpaba de sus manos nerviosas la superficie blanca de la marfil, Creando descrubir allà la carne viva y caliente. Así el sexo que había despreciado Tanto tuvo su venganza Y nadie amante enamorado de una virgen mortal, Conoció una desesperación como la de Pygmalion. Le prodigaba besos sobre besos, Se negaba a volvérselos; Acariciaba sus manos, su cara, la carne blanca de sus lados, Seguía siendo insensible; Dirigía suavemente sus senos, No reaccionaba a sus caricias; La tomaba en sus brazos, Seguía siendo pasiva y fría como una muñeca; La penetraba e incluso a bordo del orgasmo, No respondía a sus anticipos. Durante un tiempo, fingió creerla vivo Como hacen los niños con sus juguetes, Él lo equipaba de prendas de vestir suntuosas, De los tejidos reflejando y coloreados, De las velas translúcidas para estimular sus sentidos, Se imaginaba que se divertía. La parece de joyas preciosas: Cadenas, cuellos de perlas que colgaba a su cuello, Y que se extendían sobre su pecho desnudo, De los anillos preciosos deslizados en sus dedos de pies así como a las manos, Y colgados a sus orejas, de las pechinas engastadas de piedras preciosas, Conchas destellando, de los dijes sonoros; Desnuda, no era más que más deseable. La presentaba regalos, Regalos que agradan a las jóvenes muchachas, Encantadores de pequeños pájaros, flores, baratijas y lágrimas de ámbar, Los llantos de las hermanas de Phaéton, Los depositaba a sus pies Que se imaginaban que le agradecía con efusión. La noche venida la extendía sobre su capa, La envolvía de calores y esponjosas coberturas, Como hacen las jóvenes muchachas con sus muñecas. Hacía como si era posible besarla, Como se hace de una maestra que está de acuerdo. La invertía sobre cojines a los dibujos del Oriente, La gratificaba del nombre de esposa querida, Se extendía a lo largo de su cuerpo Que se imaginaba que era de carne sensible. La hablaba, la envolvía de sus brazos, Fingiendo sentir su carne incrustarse en su carne, Luego la acariciaba suavemente imaginándose que vibraba bajo sus dedos Dirigía las papilas de sus senos minúsculas, Volvía a bajar a lo largo del plexo solar, Hasta el orificio de la vagina sutilmente cavada en la marfil, Él dejaba allí, sus dedos impacientes de penetrar esta caverna secreta, Que se imaginaba llenado con magmas a los sabores exóticos, Él la coincidía tímidamente como si temía que se defienda, Se molía a su cuerpo Se imbricaba en su carne, la entrelazaba y se instalaba lentamente, Mientras que su miembro genitoro se inflaba bajo la excitación, Él la penetraba suavemente y desbordaba su simiente Pero seguía siendo inmóvil, insensible a esta violación, Y Pygmalion estaba descontento. Él no siendo más un niño Y no pudo mucho tiempo seguir estos juegos vanos, Y renunció gustar este objeto sin vida, Que volvía su vida tan miserable. Venus que pasaba por allí tuvo viento de esta singular pasión, Se interesó por este amante de una diferente especie, Que podía a la vez la gustar y merecer serla, ¿Era para suplantar a este rival inmóvil en la marfil? Decidió ayudar a este amante original. En la isla de Chipre ese día, es la fiesta de Venus, Allí la Diosa se refugió después de ser nacida de la espuma. La Isla se derrama de templos dedicados a la diosa del Amor, Se le ofrece de jóvenes varones a la piel blanca y al penis circomcido. Muchedumbres inmensas se presienten en sus templos, Y los enamorados librados vienen a aquí para ablandarla. Pygmalion era allí ese día. No sabiendo revelar a la diosa El secreto que lo atormenta, La ruega que le haga entrevistar con a una joven muchacha similar, Y que sería tan bonita y perfecta que la propia Diosa, Y que se dejaría gustar por él. "Para probarte mi amor Te ofrezco mi propio cuerpo que debe gustarse, Ô diosa de Amor, Que querría bien gustarme si la cosa era posible!" A Venus le no gustaba que se la engaña así Pero no era insensible a las emociones de los hombres, Ella se interesó por este joven hombre, Y le habló como lo se habla entre mortales. "Habla de una mujer tan bonita que yo Y que podría gustarte fácilmente, Pero sepa bien mi belleza mortal, Que a dioses no puede gustarle Y que inventaron esta estratagema para ver mejor sufrir los mortales." "Gozamos, fornicamos, copulamos, besamos, Pero nunca no gustamos, velamos porqué somos Dioses E infalibles." "Gozamos indiferentemente De dioses, de las diosas del Olympe o el Mânes del Hadès; Gozamos de los mortales, de los hombres o mujeres, De los niños, de los pequeños muchachos y pequeñas muchachas, Así como de los ángeles y querubines, De los animales, de los seres mihombres miestúpidos, de los monstruos también Así como de los seres inertes, Y usamos las algunas cosas para hacerlo, De todos modos, dondequiera, Cualquiera que sea la apertura con tal que allí tenga una, Por la boca por el Ano o la vagina o por algún orificio que se encuentra, Sin nunca realmente ver la diferencia; No gustar, nunca no ser regular, Nunca no procrear puesto que inmortales, Veló muchas razones que tenemos de ser Dioses." Venus sabe lo que este bonito joven hombre desea realmente, Y acoge favorablemente su rezo. ¿"Ve que todo sería posible entre nosotros excepto el Amor, Pero cómo mortal, podría usted satisfacerte con eso? Dé la vuelta pues a la casa, bonito joven hombre Para gustar como sólo lo hacen los mortales!" Afectado por estas palabras de buen augurio, Pygmalion vuelve de nuevo a su casa y su amor, Esta forma que había trabajado y que había tomado todo su corazón. Era allí, sobre su zócalo, más bonita que nunca. La acarició, luego retrocedió sorprendida de la ilusión. ¿Realmente había sentido una tibieza bajo sus manos? Colocó un largo beso sobre sus labios, Y se ablandaron bajo los suyos. Afectó sus brazos, su cara, sus lados, Su dureza desapareció como la cera se funde al sol. Afectó su pecho y su corazon palpitaba. Era la obra de Venus. Había afectado el corazón de la Diosa. Con un gratitud y una alegría desbordantes, Tomó su amor en sus brazos. Enrojeciendo, sonrée y le dice: "Violame Soy muy a usted, Soy Galatea, soy tu hija, soy tu hermana, Donde lo que querrá que sea, Soy tu carne, yo soy tu sangre, yo soy de usted Y puede ser soy tú mismo; Amame como si era otro cosa que todo eso, Puesto que la hizo por eso bonita que eso, Tomame y amame pues para todo eso!" Y Pygmalion la hizo el amor. Y esta vez era la verdadera.



Marco Polo ou le voyage imaginaire (Mitologías octobre 1999) © 1999 Jean-Pierre Lapointe
Ovide et les métamorphoses ainsi que les oeuvres des grands-maîtres, musique Yokubota.


VUELTA A LA ELECCIÓN DE LAS ESCALAS





317,000 visiteurs + INF
275,140 visiteurs + Espagnol ES