Mitologías

Salmacis y Atlantis
o el nacimiento de Hermafrodita



PRINCIPIO DEL ARRECIFE


Ningùn de ellos le llamar Atlantis, Que esta era un niño, él tener apenas 15 año, Él ser nacer de mercurio y de la diosa Citera Y alimentar a los senos de las generosas Naïades, Que vivan en las grutas del IDA. "Pero me lo sé, y es un sueño que me lo dijo Que su nombre es Hermafrodita, Y que tiene las características de su padre Hermes Y también los de la bonita Aphrodite, su madre." Deja así gastos y tan de joven edad, Su tierra natal que lo había visto nacer y había alimentado, Y va errante e inconsciente del peligro Más allá las fronteras de la IDA; Visita nuevas regiones, Cruza las ciudades de Lycie, Se mezcla al pueblo de Carianie, Curioso no teme no el cansancio y las trampas que estos largos viajes ocultan. Esto es allí que él percibio uno estanque aislar, El agua ser tal que se vé allí el fondo, Él no allí hay ni hierba estéril ni caña ni junco acerado, Mirada cruzar la onda límpido, Él reflejar así en agua su bonito cara de niño. Atlantis que de, no sabe nada, Viola así el ámbito de Salmacis del cual es la residencia, Una bonita Naïade solitaria que no abandona nunca este lugar Y cuyo nombre mismo es desconocido de Diana. Sus hermanas, frívolas y más intrépidas quienes le dice a menudo: "Libre estos lugares, te maquillan usted, llevan joyas coloreadas, Vestirte de velas transparentes, de los que excitan los sentidos, Caza y atrapa las faunas, los varones o las hembras que frequentan las maderas Hasta perder tu flor y toda tu respiración, Y los quitan así, de la ociosidad que ti mentené y que te hacen tan mal." Pero Salmacis prefiere a la exaltación de la caza, La suave voluptuosidad del placer solitario; Baña detenidamente a sus miembros en el agua tibia, Se desnuda reflejándose en la onda, Se observa, se peina y se maquilla, luego suavemente Se da del placer cerrando lentamente los ojos. Abria suavemente su vulva, Enterra sus dedos o algún objeto que cubre la orilla, O uno de estas herramientas Que grabó sutilmente en madera dura de Paphlagonie. Despierta así a las faunas que viven en su espíritu, Y que la hacen gozar y la colman de este placer que solamente el espíritu procuro; Pasa así de la caza Que so'lo atrae los seres patanes y a sus hermanas, Luego satisfecha, Salmacis se va a recoger flores, Para surtirse el cabello. Ese día recogía así flores, Cuando vive el niño que se reflejaba en el agua, Y deseó poseer esta fauna, Uno de los creía, que atormentan su espíritu Y que se había atrevido a materializarse así ante ella. A pesar de su ansiedad y la emoción que agita sus sentidos, No lo aborda inmediatamente Antes de haber comprobado su ornamento, los pliegues de su vela, Asegurado la expresión de su cara y hacerse muy bonita Para seducir a este niño tan gracioso Y tan fácil, creía, a conquistar; Dice entonces: "Niño, digno entre todos de ser o de te créar un dios, Si es dios, usted es Cupido seguramente; Pero si es un mortal, felices los a que debe la vida, Feliz también tu hermano, bien feliz ciertamente, si tiene una, tu hermana, Y la nodriza que lo dio su seno. Pero bien más que todos, bien más feliz aquélla que es tu novia, Si tiene una, la mujera, si esta es una, Que honorará de la antorcha nupcial. Si tiene una, estoy de acuerdo so'lo a tomar de usted un furtivo placer; Si no es ningún otra, que sea mí; Venga, comparte la misma capa." Luego la Naïade se calló. Pero el niño que no conocía que es el amor, Deja la rojez invadir su cara Y no es más que más bonito a los ojos del impaciente Nymphomane; Tiene el color de las frutas que cuelgan a los árboles, O el de la marfil colorada O de la luna cuando se teñe de rojo, Salmacis siente subir en ella la concupiscencia. Le pide por lo menos besos de hermana, Y ya lleva sus manos a su cuello, que tiene la consistencia de la marfil frágil. ¿"Tiene ti Terminado?" Si no, me voy y les dejo, usted y tu estanque!" Pero Salmacis toma miedo; De tener que perder esta presa tanto real, Y ya que esperar por todos los juegos eróticos, Que sobre sus comidas espirituales, Finge de ir. "Te abandono a mi estanque, Ô bonito extranjero". Se aleja así pero vuelve de nuevo sobre sus pasos, Echa un vistazo detrás de ella y se disimula al refugio, Protegida de un grueso arbusto, se arrodilla Y comtempla al niño que se cree solo Y que ignora que se lo observa, No hace ya que uno con el niño: Va de aqui de allí De un paso muy mal garantizado, Se reflejó en el agua Donde el reflejo de su cuerpo se fractura Sumerge la punta de sus pies delicados, Luego seduce por la caricia agua, Lanza a lejos sus prendas de vestir Y hunde desnudo en la onda. Salmacis que ve todo Se enciende de deseo carnal, A la vista de este cuerpo gracil, Sus ojos brillan Como el resplandor del disco de Phoebus, Cuando su imagen se refleja en el agua tranquila del estanque. No puede controlar su impaciencia, Y quema de abrasar este niño despreocupado Quien flagelo así su cuerpo de efebo con chorros de agua proyectados, Contiene mal a su loca ardor. El niño se retoza en el agua, Nada de un movimiento alternado de los brazos, En la onda límpida que devuelve la imagen de su cuerpo gracioso, Como las estatuillas de marfil a las curvas sensuales, Que adornan los templos de las diosas. ¡"Victoria!" Es mí!" Se escribe a Salmacis. Entonces Salmacis que no puede ya, Rechaza sus prendas de vestir, y se lanza en el agua, Consulta al niño que se discute, Ella él arranca al favor de la lucha, Besos y caricias, Y desliza bajo él sus manos, Caricia a pesar suyo su pecho y sus nalgas, Y furtivamente se apodera de su penis minúsculo y elástico, Que activa nerviosamente Sin dejar al niño el tiempo de comprender. Lo envuelve por una parte, luego del otro Lo entrelaza aunque resista y se embale, Y que de venas tentativas intenta escapársele, Como el pájaro real que retiene en sus invernaderos a una serpiente fluida, O la hiedra que envuelve y obstruye los troncos de los grandes árboles, O el pulpo en las profundidades de los mares Que inmoviliza su presa de sus tentáculos lanzados de todas las partes. El descendiente de Atlas resiste Y rechaza a la ninfa las voluptuosidades que se imagina, Estrecha su presión, Y de todo su cuerpo sido contratada en la lucha, No hace ya que uno con el niño: ¡"Puede discutirse, malévolo, pero no me escapará no! ¡Te quiero mi, y te tendré, y te desfloraba, bonito tal Adonis! O dioses, Piden que nunca este niño No pueda se trasladárse de me, ni mí de él." Dioses se confunden sobre el sentido de los deseos de la Ninfa. Y suyo dos cuerpos se entremezclan En una unión íntima de modo que no tengan ya que un u'nico aspecto; Se los ve adjuntarse y crecer juntos Como una misma rama, Y no son ya dos seres, Desde que sus miembros se entremezclaron En una dura presión, Y sin embargo, participan de una doble naturaleza, Y sin que se pueda decir Que es una mujera O un niño, El Aspecto no es el ni del uno ni del otro, Al mismo tiempo que es el de los dos a la vez. Cuando el niño ve que estas aguas límpidas, Donde había entrado masculino, Hicieron él un varón a mitad Y que para haberse bañado allí El vigor de sus miembros se ablandó, Extendando sus manos Pero con una voz que ya no es la de un hombre, Hermafrodita, ya que es su nombre, se limpia: "Conceda esta gracia, ô mi padre, A sus hijos que lleva sus dos nombres, Que todo hombre que se habrá bañado en esta fuente No sacó ya que a un hombre a mitad, Y, en cuanto habrá afectado estas aguas, pierda inmediatamente su virilidad." Mover, sus dos padres conceden los deseos de sus hijos En adelante a doble forma, Y diluyen en las aguas de la fuente, Un filtro a los efectos maléficos hace de gametos extendidas allí por sus hijos Aún bajo la influencia de la nympha Salmacis, Cuyos denigran desde este tiempo, los encantos maléficados. "Si pasan un día por allí, masculinos o femeninas, Sean conscientes, huyen ahora, O hunden allí sus cuerpos de plena voluntad, Pero sabe que hoy, la acción maléfica de estas aguas Ablanda a los miembros quienes afectan, De los que se bañan por casualidad o por consentimiento Y hacen seres que no son ni hombre ni mujer, Pero faunas que se podrían nombrar De los fHombres O diferentemente."



Marco Polo ou le voyage imaginaire (Mitologías octobre 1999) © 1999 Jean-Pierre Lapointe
Ovide et les métamorphoses ainsi que les oeuvres des grands-maîtres, musique Yokubota.


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