Mitologías

La última victoria de Atalante
sobre el héroe masculino



PRINCIPIO DEL ARRECIFE


"Lleva una túnica de lino que revela sus brazos, Y remonta hasta sus muslos tensos de músculos, Dos sujetadores brillantes lo retienen a sus hombros desnudados, Y se establece un cordón de cáñamo lo levanta exactamente bajo sus pezones de niño, Su cabello, capsulado simplemente, sobre su nuca. Una aljaba de marfil cuelga a su hombro izquierdo Y su mano tiene un arco. Se prevé así. En cuanto a su cara, Parece demasiado virginal para ser el de un muchacho Y demasiado mocito para ser el de una joven muchacha." Atalante es su nombre, Rechazado por Schoeneus su padre que le prefería un muchacho a ellà, Los animales salvajes elevaron ella, De dónde él viene su calidad de cazadora, Y su habilidad a luchar contra la fiera. Era la más bonita entre las muchachas, Pero no era no menos invencible al curso, Excedía por su rapidez a todos los hombres de Arcadia, De modo que no se pudiera decir si era debe a su gran belleza, O a su velocidad asombrosa que triunfaba siempre. Aunque no tenía ningún gusto para los hombres, So'lo apreciando su compañía a la caza, Era hora para ella de encontrarse a un esposo, Y consultó a este respecto el oráculo, Que le dice esto: "De esposo, no te es nula necesidad, mi hija, Ti que posee las aptitudes del varón de más, Guardia ti pues de tomar uno. No puede escapar a alli, Y, de toda tu vida, Se reducirá ya no ser que tú mismo." Atalante terrificada por la predicción del dios Se refugia en adelante en los bosques gruesos de Arcadia, Y rebelde a toda unión, Se libra de la muchedumbre de los aspirantes Que aspiran a romper su hymeno aún intacto, Y confiando les dice: "Nadie me poseerá, Si en primer lugar no la supió al curso. Luche de velocidad con mi: el más rápido, para recompensa, Tendrá mi mano y compartirá mi capa; Los que permanecerán detrás so'lo habrá de morir. Tal es la ley de la lucha." Atalante era despiadado hacia sus aspirantes, So'lo respetando las leyes del cazador, Someter a jóvenes heroes, a pesar de su fuerza y su valor, A de los riesgos imposibles a superar, Tal era pues el poder de su Belleza En la numerosa muchedumbre que asistía a estas luchas Que el termino era evidente a todos, Se encontraba a Hippomene hilos de Megareus, rey de Onchestus, Que era el igual de Atalante, Si no al curso al menos por la gracia. "Es posible que se corra tan de grandes peligros Para conquistar a una esposa?" Condenaba así el exceso de esta joven gente, A estar de acuerdo a morir para conquistar a una esposa, Pero cuando vive la cara de Atalante, Y que tuvo por el curso liberado su cuerpo de sus velas, Se lamentó de su ligereza y se confesó de echar la culpa, Cualquiera arriesgaba así su vida Para tal recompensa. "Perdoname, ustedes que acabo de echar la culpa. Joven gente quien arriesgan así su vida, La recompensa que hacen la esperanza de solicitar No se conocía aún a mi." Alquila entonces la belleza de Atalante, Y su corazón se enciende para ella; Celoso, desea Que distancie a esta joven gente a los pies ligeros, Y llenados con audacia, pero quiere también correr su oportunidad. Sabiendo que no podrá superla al curso Suplica a Aphrodite ayudarlo, Conociendo el desprecio que mantiene la Diosa Hacia las jóvenes vírgenes quienes como Atalante, desprecian el amor. Mientras que sus pensamientos navegan así, La jovena muchacha se vuela hacia el objetivo contemplado, Y aunque tenga dificultades a seguir su curso, Admira más aún su belleza. Su cuerpo desnudo bronceado como el éter se contrata Y se este como un arco que se tiende, Y se estalla repentinamente como el vuelo de una flecha Scythe, Su cabello vuela detrás ella, Y las banderolas que lleva a las clavijas y a los codos, Se barrenan en mil de contorsiones como serpientes desconectadas, El curso la vuelve más bonita aún. Cruza el terminal la primera, Y los amantes supidos gimen y soterrarse, Lamentando más que la muerte, Ya de no poder aprovecharse de la belleza de Atalante, Y del placer de la desflorar; Y es bien allí, la recompensa del supido. Entonces el intrépido Aonien se elabora en la muchedumbre, Y arenga así al vencedor: "Porqué de triunfar de si venas glorias Contra rivales incapaces y baratos; Si ti medidas a mi, Atalante O la fortuna me será ventajosa, En este caso usted no podrá indignarte de un similar adversario, Ya que soy el descendiente directo de Neptune dioses de las aguas; O seré supido por usted, Y habrá un renombre igual al mío." La joven muchacha lo observa y se mova Y se pregunta si sería mejor Superlo o de supese, Tanto su belleza la seduce. ¿"Cuál es pues este dios enemigo de los bonitos jóvenes hombres Que lo impulsa a querer unirlo a mi?" Soy move, es verdadero por tu belleza Pero aún bien más por tu joven edad Y por tu valor y de lo que no tema no la muerte. Se me glorifica del amor que me ofrece Y del precio de la muerte que tene a la felicidad de desflorarme, Ha siempre tiempo bonito extranjero de escapar Y renunciar así a un hymeno regado de sangre. ¿Por qué ti interesado por la cual Que a caussado la muerte de tantos jóvenes varones, Mientras que hay tanto jóvenes muchachas vírgenes, Que so'lo piden a aprovecharse del suave calor de tu fértil apéndice? Pero si persiste a elegirme como esposa, Mori pues, como aquéllos cuya la muerte no pudo abrir sus ojos. Ruego a dioses que renuncia de vencerme, O si tu locura te extravia, que me excedido al curso. Infeliz Hippomène que merecía vivir, Querría que nunca no me hubiera visto, Si el destino no se oponía a mi matrimonio Ti estaba el solo con que querría compartir mi capa." Así Atalante afectado por una pasión súbita, Ignorante de las cosas del Amor, Confiadando así su corazón, revela sus debilidades, Gusta sin realmente comprender que gusta. Hippomène ruega a la diosa de Cythera Concederle asistencia para super la bonita cazadora, Y su favor para haber encendido en él las llamas del amor. La diosa mover le presenta tres manzanas Recogidas en los campos consagrados de Tamasus, Y tan bonitas que las del Jardín de las Hespérides, Ella lo informa del uso que debe hacer. Las trompetas se fue oir Es la señal de la salida del curso; Inclinados a continuación, saltan de un paso ágil Sobrevolando más que rozando el suelo, Las aclamaciones favorables de la muchedumbre Redoblan el ardor del joven hombre. Los gritos, las exclamaciones de victoria, Los estímulos que se le destinan, Tienen tanto efecto sobre la muchacha de Schoeneus, Que para el héroe hilos de Mégareus; Va a sobrepasarlo pero retrasa su curso para la despreciar, Hippomène ya fuera de aliento y el terminal así lejos. Lanza entonces una primera manzana en dirección de Atalante, Retrasa su curso y echa un vistazo al joven hombre, Dejándolo así sobrepasarla ligeramente, Ella lo prosigue a continuación un momento Seducida por este joven cuerpo tendido por el esfuerzo, Luego reanudando sus espíritus, ella lo sobrepasa fácilmente. Lanza entonces una segunda manzana en dirección de Atalante, Retrasa un momento su curso y observa con voluptuosidad al joven hombre Dejándolo así sobrepasarla ampliamente, Luego ella lo prosigue como se hace de un amante despedido, Sus sentidos dados la vuelta por las formas de su cuerpo en movimiento, Luego reanudando sus espíritus, ella lo sobrepasa difícilmente. Lanza entonces la última manzana muy por delante de Atalante, Decide su curso y comtempla al bonito joven hombre que se acerca, Dejándolo así sobrepasarla completamente, Y ella lo lleva a cabo con avidez como a la caza una presa, Perturbada de las caricias prodigadas en pensamiento a este cuerpo desnudo de joven efebo, Luego reanudando sus espíritus, ella constata que ha ya demasiado tarde Hippomène que cruza el primero la limita. "Por ello que Hippomène casó El que era el precio de su victoria al curso. Se gustaron y tuvieron numerosos niños, Pero víctimas de la diosa, un final triste, Que podría bienestar el tema de otra historia."



Marco Polo ou le voyage imaginaire (Mitologías octobre 1999) © 1999 Jean-Pierre Lapointe
Ovide et les métamorphoses ainsi que les oeuvres des grands-maîtres, musique Yokubota.


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