Mitologías

El amor posesivo de Venus
causa la pérdida del belio Adonis



PRINCIPIO DEL ARRECIFE


Parido por su abuelo El niño nació del seno de su hermana, Hijos de Mirrha y rey Cinyras, Fué, para ocultar el crimen de su madre incestuosa, Abandonó en su cuerpo metamórfoso En un árbol que secreta la mirra, En los bosques gruesos del país de Cypre. Ayudado de Lucine, el niño surge de detrás de la corteza, Lleva el nombre de Adonis. Y su belleza no tiene igual Entre los varones mortales y dioses; Ahora que ha joven hombre y púber, Queriendo extraer venganza de los deseos incestuosos Que encendió en Myrrha su madre, Seduce a Venus. La diosa ya no vive más que para él Que le olvida las orillas de Cytera, Olvidando las tierras fértiles de Paphos, El rico país de Cnide y el Amathonte en paz, Ella renuncia entera a la Olympia, Sus pensamientos se alimentan en adelante Que del deseo carnal de Adonis. Venus, la diosa seductora y frívola, Que so'lo tenía por ocios Que de aclararse en los prados verdes, Tomando mil de cuidados de su ornamento, No es ya la misma, Ella hizo su amante de Adonis. Yerra en adelante en las maderas, los montes y las rocas, El vestido levantado hasta el muslo, Se creería ver a Diana en caza; Excita el calor de sus perros Y desaloja los animales inofensivos, A liebres, a ciervos, a gamos, Pero evita los animales salvajes, los jabalíes, a los lobos y a los leones, Y los controla a Adonis temerlos: "Sea valiente con la caza que huye, Y prudente contra el que hace frente, ya que hacer frente es peligroso. Tablero piedad mi joven amante, Evita la temeridad que pondría en peligro mi felicidad. No va a atacar los animales a quienes la naturaleza dio armas; No quiero pagar demasiado caro la pasión que ti me inspirado. Ni tu juventud, ni tu belleza, Ni nada de lo que afectó el corazón de Venus Afecta a los leones ni los jabalíes a los duros plumones, Los ojos ni el corazón de los animales salvajes; Los jabalíes impetuosos llevan el rayo en sus defensas dobladas; Las fieras leones son duros asaltadores Y no resiste nada a su cólera. Es una raza que odio." Y Venus cansado por sus cazas incesantes, Atrae a su bonito amante Y se extiende desnudo sobre el suelo, El césped es suave como lo es su capa, Los álamos hacen sombra a sus cuerpos, Se apoya de todo su peso en el cuerpo de Adonis: "Tengo deseo de descansarme en tu compañía" La cabeza colocada sobre el seno de Adonis, Le habla de todo, de sus aventuras, Y de sus poderes sobre sus mortales rivales, Entrecruzando sus discursos de besos, Y de caricias que excitan los sentidos. "Yo un día había aconsejado a Hippomène de Arcadia, Sobre la manera de tomarse Para super Atalante al curso, Otra de este vírgenes mortales que odiaba el amor. ¿No había merecido Que me volvió gracias y me aportara el homenaje de su bonito cuerpo? En vez de eso, los dos amantes mancharon mi templo." "Un día que pasaban en el bosque, Hippomène, teniendo una loca envidia de besarla, Implica a Atalante en el templo Construido allí en mi honor por el famoso Echion. Ante las imágenes consagradas de dioses y diosas a la mirada irritada, Fornicaron como animales, Manchando así este lugar consagrado De su saliva, sus gametos y sus espermas, En vez de incienso, de ofrendas y de mirra." "Feliz, ellos son allí, ambos, entrelazado después del acto de Amor; Habría podido someterlos a los tormentos del Hadès, Pero en vez de eso, Sus cuellos largueros hace un momento Se cubre de melenas de leones, Sus dedos aún soldados con autógena a sus carnes se doblan en garras aceradas, Sus miembros entrelazados se transforman en piernas melenudas En las cuales todo el peso de sus cuerpos se basa en adelante, De su posterior se extiende una larga cola que barre el suelo, Su cara se endurece, sus bocas se espesa, ellos transpira la cólera, Olvidando las palabras suaves, Ellos se expresa de los gruñedos del trueno. Olvidando los lugares donde se albergan los humanos, Frecuentan en adelante los bosques; De amantes que eran, bonitos y pacíficos, Ahora pasó a ser, él león y ella leona, Objetos de terror, Aprietan sus dientes, el poco que les imponía Para vengarme de sus indiferencia hacia mi, diosa de Cybèle." Venus hablaba así antes de dejar a Adonis Para darse la vuelta en sus tierras de Cypre: "Oh mi amante, Evita ellos como debe evitar los animales salvajes Que atormentan el bosque y que no huyen a tu encuentro, Pero ofrecen su antepecho a tu valentía; Para que esta confrontación no nos sea desastrosa ambos, Ya que me es costoso y no quiero perderte." Pero los consejos maternales de Venus No tienen pesos para ablandar la audacia viril de Adonis, Sus perros desalojan a un león de su cueva, Una flecha se vuela del arco del hilo de Cinyras E hiere al animal al lado. El león en rabia prosigue al cazador Que pretende ocultarse, él hunde sobre él e inserta en sus carnes, Sus ganchos mortales y el cazador se hunden sobre la fiera. Venus reconoce allí-alto de los gemidos de Adonis Y ve su cuerpo privado de conciencia, Agitado y bañando en su sangre mezclada al de la fiera, Ella salta del su tanque celestial, Rasga su vestido y desnuda su pecho Que martilla de golpes violentos, Sus lamentos se hacen oír, Ella imploran el destino: "Oh Perséphone, para que siga siendo un recuerdo siempre de mi dolor Como la permitió que se transformaban, antes, Los miembros de Myrrha su madre, en árbol de la menta perfumada Que generó el cuerpo gustado de mi querido Adonis, No me rechazan el derecho A transformar el héroe hilos de Cinyras; Hecho que su sangre, esté cambiada en una bonita fruta, Y que esta fruta reflorece año tras año, Para la representación renovada de su muerte, Perpetuando así el recuerdo de mis orgasmos divinos!" Entonces la diosa del Amor riega de sus oosferas La sangre coagulada de Adonis y lo transforma así, En una fruta que tiene el color de esta sangre, Y que cada año en este mismo día, Extasie y se pone rígido, se aumenta y se infla de sangre, Luego secreta su esperma a manera de polen, Y fertiliza así la vulva entreabierta de la diosa del Amor, Que trono en su templo sobre un bonito zócalo de mármol pulido.



Marco Polo ou le voyage imaginaire (Mitologías octobre 1999) © 1999 Jean-Pierre Lapointe
Ovide et les métamorphoses ainsi que les oeuvres des grands-maîtres, musique Yokubota.


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